Familias y docentes continuamente se preguntan por lo bueno
y lo malo del auge de este recurso. Por una parte, en ocasiones se observa que
la interacción virtual ocupa un tiempo excesivo que va en detrimento de la
interacción presencial. Por otra parte, se aprecia la posibilidad de contactar
con personas de diferentes partes del mundo, de recuperar amistades, etc.
También, desde algunas familias se valora que "el entorno virtual",
donde el cuerpo permanece en la habitación, es un lugar más seguro, sobre todo
en ciudades o lugares que se perciben como hostiles.
En las TIC, se deja de lado la presencia física; este no es
un fenómeno del todo nuevo, ya que, con el teléfono, aprendimos a establecer
una comunicación que dejaba prácticamente todo el cuerpo a excepción de la voz.
Sin embargo, este es un matiz importante, porque la voz nos permite, en la
mayoría de los casos, identificar el sexo e incluso la edad de quien habla.
Pero en las redes, se puede dejar de lado todos los
elementos identificativos; y parece que esto es precisamente lo que hace que
estos contactos sean especialmente atractivos: la posibilidad de controlar y
modular lo que cada cual ofrece de si a las y los demás. (Según estudio de
Asunción Bernardez de la UCM). En los contactos presenciales, pesa el físico de
cada persona, así como su tono de voz, la manera de moverse, los gestos, cómo
se viste, las prendas que usa... Sin embargo, en una conversación virtual,
todas esta cuestiones quedan al margen y, a veces, el interés por saber cómo es
el físico de la persona con la que nos comunicamos se convierte en un juego.
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